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By D. E. Stevenson

Después de El libro de los angeles señorita Buncle (1934) y El matrimonio de los angeles señorita Buncle (1936), D. E. Stevenson quiso asomarse a l. a. vida de su personaje en plena guerra. En Las dos señoras Abbott (1942), encontramos a l. a. señorita Buncle ya madre de dos niños y a l. a. encantadora Jerry, que se casó con el sobrino del señor Abbot, algo sola porque su marido está en el frente… pero algo excesivamente acompañada también porque en su gran casa isabelina –aún sin electricidad– se ha alojado un batallón del ejército británico. l. a. Segunda Guerra Mundial deja, pues, sus huellas en los angeles apacible comunidad de Wanderbury, en l. a. que pululan incluso los espías. Un nuevo personaje, los angeles novelista romántica Janetta Walters, que goza de las mieles del éxito pero que de pronto descubre que escribe rematadamente mal, reintroduce el tema literario tan imprescindible en esta pequeña saga. D. E. Stevenson vuelve a trazar aquí, en una nueva dimensión, un cuadro idílico sometido a perturbaciones y el resultado es tan divertido y cándido como las novelas anteriores.

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Brave New World

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The Voyage Out (Classic, 20th-Century, Penguin)

A celebration of English everyone is aboard the Euphrosyne, certain for South the United States. between them is Rachel Vinrace, a tender woman, blameless and fully blind to the realm of politics and society, books, intercourse, love and marriage. She is a loose spirit half-caught, momentarily and passionately, by way of Terence Hewet, an aspiring author who she meets in Santa Marina.

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Así está mejor. ¿Qué sucede, Elmie? –No lo… aguanto… nada más –dijo Elmie, hipando. –¿Qué es lo que no aguantas? –Mi casa –dijo Elmie. –¡Santo Cielo! –exclamó Markie, con el corazón en un puño. –Es terrible –dijo los angeles niña, tragando saliva. –Creía que te alegrabas mucho de volver a Stepney. Tu madre estaba muy contenta… –Yo no. Me parecía que a lo mejor sí, pero no. No aguantaba un minuto más… por eso he vuelto. –Pero ¿por qué? –preguntó Markie, exasperada–. ¿Por qué has vuelto aquí? –Porque no tengo otro sitio donde ir. –Pero, Elmie… –Y además, usted me curó –añadió Elmie, mirándose el dedo que, a pesar de haberse cerrado perfectamente, todavía tenía l. a. cicatriz de los angeles herida. Markie tenía demasiado buen corazón para arrepentirse de habérselo curado, pero a punto estuvo. Pensó que las cosas daban unas vueltas muy raras en este mundo tan raro. Como ella se había tomado tantas molestias con el dedo de l. a. niña, ahora los angeles niña volvía a Ganthorne inn a molestar un poco más. –¿Cómo has venido? –le preguntó con un suspiro–. ¿Quién te ha traído? –No me ha traído nadie. Salí a l. a. carretera y puse el dedo. –¿Tus padres lo saben? Elmie dijo que no con un movimiento de cabeza. –Nos peleamos –dijo–. ¡Menuda pelea tuvimos! Gritábamos todos tanto que casi se nos cae el techo encima… Entonces, mi padre dijo: «De acuerdo; si mi casa no te parece buena, ahí tienes l. a. puerta. Y no vuelvas», y yo dije: «Vale», y me fui. –¡Dios Santo! –dijo Markie sin fuerzas. –Y no pienso volver, no –dijo Elmie. –Me temo que tendrás que volver, Elmie. los angeles niña empezó a llorar otra vez. –No me quiere nadie –gimió–. No me quiere nadie y yo no quiero a nadie. Más me valdría morirme. –Suénate l. a. nariz, Elmie –dijo l. a. señorita Marks, al tiempo que le daba un pañuelo limpio–. Sécate las lágrimas y deja de decir tonterías. Tenemos que pensar… a ver qué hay que hacer. –Haré lo que sea con tal de que me deje quedarme –dijo los angeles niña, al tiempo que se acercaba y tocaba el brazo a Markie con una mano delgada y sucia–. De verdad. Puedo dormir en el establo con Dapple, para no molestar… y me conformo con poca comida, solo las migas que pueda darme… Y trabajaré. De verdad, pero déjeme quedarme… Elmie siguió hablando con voz ronca y ansiosa, haciendo todas las promesas que se le ocurrían, promesas extravagantes de trabajar como una esclava y portarse muy bien… Y tantas hizo que Markie se ablandó y empezó a preguntarse si sería posible encontrar una solución. Tendrían que informar a sus padres y pedirles su consentimiento por escrito, eso seguro… –Bueno, de todas formas, esta noche no se puede hacer nada –dijo Markie por fin–. Es mejor que vengas conmigo a casa a comer algo. –Solo un mendrugo de pan –dijo Elmie–, no quiero nada más… y puedo comérmelo aquí… y dormir aquí con Dapple. No quiero molestar a nadie… –Harás lo que te digan –dijo Markie tajantemente. Entretanto, Jerry había pasado l. a. tarde en los angeles Casa del Arco. Volvió a Ganthorne resort a última hora y esperaba encontrarse a Markie en l. a. cama, pero los angeles encontró sentada junto al fuego, fumando como una chimenea y leyendo el periódico de l. a. mañana.

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